Páginas

miércoles, 18 de mayo de 2016

YO QUIERO UN AMOR VINTAGE

“Me imagino en un futuro a la gente hablando del amor como se habla ahora de las cosas con hombreras. “¿Te acuerdas cuando todavía se usaba el amor? ¡Qué horror! Yo lo usé un par de años, no quiero ni ver fotos de esa época.” Todo pasa tan rápido que ni nos damos cuenta. El amor tarde o temprano también pasará de moda. Lamentablemente… siempre me gustó lo vintage.” 

Como si de una carta a Los Reyes se tratara, pedimos un amor que nos cuide, nos mime, sea bueno, nos proteja…. ¡Ah, y que tenga detalles! Y cuando esa persona aparece en nuestra vida, paradójicamente, no la valoramos porque nos cuida demasiado, nos mima demasiado, nos protege demasiado, es demasiado buena y tiene demasiados detalles. Demasiado para ser real.

Y es en este punto, en el que tras hacer una larga lista de cualidades y virtudes maravillosas de esa persona, acabamos por pronunciar el famoso ‘… pero te quiero como amigo’. El primo hermano del ‘No eres tú, soy yo’ a veces me lleva a pensar que, en el fondo, parece que nos gusta lo complicado y difícil (y los raritos, los bordes, los malotes, los aparentemente especiales y un largo etc), porque pareciera que así merece más la pena. ¿Qué hay de malo en la sencillez de una persona que nos cuida el corazón con ese cariño? ¿Qué es lo que falla?

“Pasa con la felicidad como con los relojes,
que los menos complicados son los que menos se estropean.”
— Nicholas Chamfort.

Principalmente, dos cosas (de entre una larga lista que tú y yo ya sabemos porque a una amiga de tu amiga le pasó algo parecido, ¿verdad?): En primer lugar, la falsa creencia de que lo realmente importante debe ser resultado de un gran sacrificio. Que a mayor dificultad, mayor valor. Y, a pesar de creer firmemente que la perseverancia y el esfuerzo son valores fundamentales para alcanzar nuestros objetivos, la sencillez y la flexibilidad también lo son. Es cierto que el amor se construye, pero también que no hace falta dejarse la vida en ello cuando tu autoestima iza la bandera blanca. Hay que luchar, sí, pero no a cualquier precio o ante cualquier ganancia. Tan importante como decidir dónde y cuánto insistir es acotar dónde ceder y saber en qué momento decir ‘hasta aquí’. En segundo lugar, la sospecha o, por qué no, el complejo de que alguien tan genial no sólo sea real sino que, además, pueda fijarse en nosotros . ¿Acaso no nos han dicho siempre que “las apariencias engañan”? ¿Acaso no lo han demostrado así una y otra vez nuestras experiencias del pasado? (“A saber qué esconde para ser tan perfecto”).

“¿No será, tal vez, que en la sencillez está lo extraordinario?”


¿Por qué ocurre esto? No tengo ni idea. Quizá sea porque en un mundo que avanza a gran velocidad, todo se amontona, se enreda y se complica de tal modo que valores como la sencillez, la autenticidad o la naturalidad – tan admirados a nuestros ojos – hayan acabado por convertirse en actitudes en peligro de extinción. O, quizá, porque de tanto buscar en los rincones equivocados, hayamos terminado por creer que algo tan sincero no puede ser verdad. Pero no, no es magia. Ni siquiera es algo raro. Es amor del de antes, amor del bueno. Es amor vintage.

Amor de ese que arreglaba lo roto porque no existía un tesoro mayor que lo construido entre esas dos personas. Amor del bueno, de ese que entiende realmente qué es comunicarse. De ese que sabe que un silencio vale más que mil palabras y que la mayor conexión entre dos personas, lejos de ser la WiFi, es mirarse a los ojos al hablarse. Amor del bueno, de ese que sabe que unas palabras bonitas ablandan el ego de cualquier discusión. De ese que sabe que el cuidado, el mimo y el cariño se construyen de puertas para adentro y no entre selfies y puertas entreabiertas. Amor del bueno, de ese que se centra en cuidar la calidad con una persona y no en mirar por el rabillo del ojo de la cantidad.

Un amor del de antes, del de-toda-la-vida, de ese que sabe que el fuego lento siempre es plato de buen gusto para quienes se sientan en la mesa con amor. Y, por supuesto, un amor de dos… que tres, cuatro y cinco son multitud. Un amor único, de uno y con uno, no uno que coleccione cromos con la misma facilidad que hace scroll en una aplicación de citas. Un amor del de antes, de ese que repite camiseta tres días seguidos porque te dijo que le encantaba cómo te quedaba, y no cambiarte tres veces al día para sacarte una mejor foto de perfil. Un amor vintage, a la antigua, de andar por casa, del que colecciona paseos en el parque y no likes en Instagram.

“El amor, cuando es verdadero, nunca pasa de moda”


Si eres de los que añoran esa época, lee con atención lo siguiente: mereces un amor del de antes. Porque el amor no es sufrir, ni hacer grandes logros para merecer el cariño del otro, ni intentar deslumbrarle para que se fije en ti. Ya eres lo suficientemente valioso como para que una persona te mire y vea en ti una vida llena de experiencias maravillosas.

Por eso, y aunque no viva a la moda, yo quiero un amor que no se rompa o deshilache con facilidad. No quiero un amor de temporada e Inditex, sino uno fuerte, resistente y de verdad. Como aquellas Wayfarer que duraban generaciones; como aquella vieja Polaroid que – sin querer – siempre encontraba el filtro perfecto para cada una de nuestras aventuras; como aquellos Levi’s cuyos años justificaban su precio; o como aquella carismática furgoneta que cada verano resistía historias de lagos y montañas. Porque, aunque todo esto parezca del pasado, se hace presente en el momento en que, pase el tiempo que pase, cuando llega lo hace para nunca desaparecer.

Lo vintage no es aquello que siempre vuelve, sino aquello que nunca se va.

Yo lo tengo claro. Yo quiero un amor vintage.



Escrito por @Nekane_González y Virginia Gonzalo de Reparando Alas Rotas


SOMOS LA GENERACIÓN QUE NO QUIERE RELACIONES

Queremos una segunda taza de café para las fotos que subimos a Instagram los domingos por la mañana, otro par de zapatos en nuestras fotos artísticas de pies. Queremos poner en Facebook que tenemos una relación para que todo el mundo pueda darle a “me gusta” y poner un comentario, queremos una publicación digna del hashtag #parejaperfecta. Queremos tener a alguien con quien ir de brunch los domingos, con quien quejarnos los lunes, con quien comer pizza los martes y que nos desee buenos días los miércoles. Queremos llevar acompañante a las bodas a las que nos inviten (¿Cómo lo habrán hecho? ¿Cómo habrán conseguido un felices para siempre?). Pero somos de la generación que no quiere relaciones.
Buceamos por Tinder en un intento de encontrar a la persona adecuada. Como si tratáramos de hacer un pedido a domicilio de nuestra alma gemela. Leemos artículos como Cinco maneras de saber que le gustas o Siete formas de gustarle, con la esperanza de ser capaces de moldear a una persona para tener una relación con ella, como si de un proyecto de artesanía que hemos visto en Pinterest se tratase. Invertimos más tiempo en nuestros perfiles de Tinder que en nuestra personalidad. Y aun así no queremos tener una relación.
Hablamos y escribimos mensajes de texto, mandamos fotos o vídeos por Snapchat y tenemos conversaciones subidas de tono. Salimos y aprovechamos la happy hour, vamos a tomar un café o a beber cerveza; cualquier cosa con tal de evitar tener una cita de verdad. Nos mandamos mensajes para quedar y mantener una charla insustancial de una hora solo para volver a casa y seguir manteniendo una charla insustancial mediante mensajes de texto. Al jugar mutuamente a juegos en los que nadie es el ganador, renunciamos a cualquier oportunidad de lograr una conexión real. Competimos por ser el más indiferente, el de la actitud más apática y el menos disponible emocionalmente. Y acabamos ganando en la categoría el que acabará solo.
Queremos la fachada de una relación, pero no queremos el esfuerzo que implica tenerla. Queremos cogernos de las manos, pero no mantener contacto visual; queremos coquetear, pero no tener conversaciones serias; queremos promesas, pero no compromiso real; queremos celebrar aniversarios, pero sin los 365 días de esfuerzo que implican. Queremos un felices para siempre, pero no queremos esforzarnos aquí y ahora. Queremos tener relaciones profundas, pero sin ir muy en serio. Queremos un amor de campeonato, pero no estamos dispuestos a entrenar.
Queremos alguien que nos dé la mano, pero no queremos darle a alguien el poder para hacernos daño. Queremos oír frases cutres de ligoteo, pero no queremos que nos conquisten… porque eso implica que nos pueden dejar. Queremos que nos barran los pies, pero, al mismo tiempo, seguir siendo independientes y vivir con seguridad y a nuestro aire. Queremos seguir persiguiendo a la idea del amor, pero no queremos caer en ella.
No queremos relaciones: queremos amigos con derecho a roce, “mantita y peli” y fotos sin ropa por Snapchat. Queremos todo aquello que nos haga vivir la ilusión de que tenemos una relación, pero sin tener una relación de verdad. Queremos todas las recompensas sin asumir ningún riesgo, queremos todos los beneficios sin ningún coste. Queremos sentir que conectamos con alguien lo suficiente, pero no demasiado. Queremos comprometernos un poco, pero no al cien por cien. Nos lo tomamos con calma: vamos viendo a dónde van las cosas, no nos gusta poner etiquetas, simplemente salimos con alguien.
Cuando parece que la cosa empieza a ir en serio, huimos. Nos escondemos. Nos vamos. Hay muchos peces en el mar. Siempre hay más oportunidades de encontrar el amor. Pero hay muy pocas de mantenerlo hoy en día…
Esperamos encontrar la felicidad. Queremos descargarnos a la persona perfecta para nosotros como si fuera una aplicación nueva; que puede actualizarse cada vez que hay un fallo, guardarse fácilmente en una carpeta y borrarse cuando ya no se utiliza. No queremos abrirnos; o, lo que es peor, no queremos ayudar a nadie a abrirse. Queremos mantener lo feo tras una portada, esconder las imperfecciones bajo filtros de Instagram, ver otro episodio de una serie en vez de tener una conversación real. Nos gusta la idea de querer a alguien a pesar de sus defectos, pero seguimos sin dejarle ver la luz del día a nuestro auténtico yo.
Sentimos que tenemos derecho al amor, igual que nos sentimos con derecho a un trabajo a jornada completa al salir de la universidad. Nuestra juventud repleta de trofeos nos ha enseñado que si queremos algo, merecemos tenerlo. Nuestra infancia rebosante de películas Disney nos ha enseñado que las almas gemelas, el amor verdadero y el felices para siempre existen para todos. Y por eso no nos esforzamos ni nos preguntamos por qué no ha aparecido el príncipe o la princesa azul. Nos cruzamos de brazos, enfadados porque no encontramos a nuestra media naranja. ¿Dónde está nuestro premio de consolación? Hemos participado, estamos aquí. ¿Dónde está la relación que merecemos? ¿Dónde está el amor verdadero que nos han prometido?
Queremos a un suplente, no a una persona. Queremos un cuerpo, no una pareja. Queremos a alguien que se siente a nuestro lado en el sofá mientras navegamos sin rumbo fijo por las redes sociales y abrimos otra aplicación para distraernos de nuestras vidas. Queremos mantener el equilibrio: fingir que no tenemos sentimientos aunque seamos un libro abierto; queremos que nos necesiten, pero no queremos necesitar a nadie. Nos cruzamos de brazos y discutimos las reglas con nuestros amigos, pero ninguno conoce el juego al que estamos intentando jugar. Porque el problema de que nuestra generación no quiera relaciones es que, al final del día, sí que las queremos.

miércoles, 4 de mayo de 2016

HAY QUE SABER DISTINGUIR LOS MENSAJES ÚTILES, DE LOS MÁGICOS...

Ayer un amigo se sinceró conmigo y me dio su visión personal sobre mí, en parte me sorprendió, sobretodo porque no iba mal encaminado:

"Me llaman la atención tus claroscuros, de alguna forma me siento identificado con ellos.
Veo en ti frustración, rabia, impaciencia.
Y por otro lado sé que tienes fuerza de sobra para hacer grandes cosas.
Eres divertida, alegre, generosa.
Mi sensación es que te frustra dar lo mejor que tienes y no llegar a ver la recompensa.
Y puedes llegar a sentirte decepcionada."


Es cierto que últimamente estoy un poco bajonera, esto es así, no puedo ser hapiness siempre.
Justo ahora no estoy en mi mejor momento... demasiadas cosas... estoy un poco plof.
Si me preguntas ¿qué me pasa? pues...
Sé porque me siento así... 
Tengo un problema en el curro con algo que no consigo solucionar. 
Tengo un problema familiar ahora mismo. 
Y tengo un problema con mi día a día, que es monótono y no dedico el tiempo que quisiera a hacer lo que realmente me gusta.  
Por otro lado, he dejado de hacer deporte, y he engordado muchísimo (10 kilos para ser exactos). 
Además, aunque hace 2 años que estoy soltera, apenas me he encontrado con dos personas con las que me hubiese planteado empezar algo, pero... 
Esas personas no estaban en el mismo momento que yo, o simplemente no sentían lo mismo. 
Junta todo esto en una coctelera, lo remueves... Y eso soy yo.
Me desvivo por ayudar a mis amigos y les doy mis mejores consejos, pero después... No sé qué coño hacer con mi vida!
A veces, das mucho por todos sin darte cuenta de que la persona que más necesita de ti, eres tú.
Parece que todo viene poco a poco... pero nada bueno.
Y sí, me siento muy decepcionada, porque de verdad me preocupo mucho por la gente que quiero, y no siempre es quien de verdad lo merece.

Lo sé, la vida es como en los aviones, póngase la mascarilla usted primero, antes que al niño. Pero no, la teoría la tengo clara, pero en la práctica... fallo mucho.
Sé que si yo no estoy bien, difícilmente podré ayudar a los demás. Sé que me he olvidado de mí misma y eso es un error que se paga caro.

Tengo la suerte de tener amigos y amigas maravillosos, que me quieren un montón y que me animan, pero el cambio más grande tiene que pasar por mí.
Y ahora es cuando me doy cuenta que tengo un problema muy grande, y es que siempre en mi vida, la parte sentimental ha tenido un peso muyyyyy grande.
Siempre ha sido mi pareja mi punto de apoyo, porque no he querido "cargar" a mis amigos con mis problemas, pero yo he cargado los míos y los de los demás.
Y ahora me encuentro con que debo aprender que la parte sentimental es una parte más,  Y NO UN PILAR, porque si eso te falla, todo se derrumba, pero no sé porqué lo hago.

Tengo mucha capacidad para empatizar con la gente, y como he tenido problemas muuuuuuuucho peores... Los de los demás me parece que tienen solución.
Además de que siento que debo ayudar a mis seres queridos y que debo preocuparme por ellos.

El problema es que sé que es lo que tengo que hacer para solucionar mis problemas, pero tengo que coger el toro por los cuernos e ir atacando los problemas de uno en uno.
Barrer debajo de la alfombra... no sirve de nada.
El dolor es nuestra herramienta de aprendizaje y todo lo bueno tiene un coste de sufrimiento.
La gente del montón hace trampas para saltarse el esfuerzo, pero los caminos cortos son parches.
Ahora mismo sé que lo primero que debo cambiar es mi rutina diaria y mis hábitos, pues sin acción no hay cambio de situación.
Y el otro cambio... Pasar de todos los chicos por el momento, no por ellos, sino por mí, porque debo antes cambiar mi actitud frente a ellos.
Sin duda, el cambio más importante que debo hacer, es cambiar mi actitud.

No puedo exigir cosas antes siquiera de que pasen, no puedo levantar barreras infranqueables, no puedo cerrarme en banda pensando que tengo 32 años y no quiero perder el tiempo... porque es como meterme prisa para que pase algo... algo que no pasa y que acaba generando ansiedad.
De alguna forma, debo relajarme y darme la oportunidad de probarme unos pantalones para saber si son de mi medida y/o si me gustan cuando los llevo puestos.
Debo disfrutar más y juzgarme menos.  
La única persona que tiene derecho a juzgarme soy yo misma y nadie más. Me perderé grandes cosas si me baso en la opinión de los demás.
Yo soy la dueña de mi vida y la directora de mi película.

Es cierto que en ocasiones he intentado liarme la manta en la cabeza y no pensar... y cuando lo he hecho... me ha acabado explotando en la cara.
Pero igual es porque me he liado la manta a medias...

Soy una persona muy sincera, muy clara y muy directa... La gente no está acostumbrado a eso... Les asusta.
Me refiero a que los tíos se quejan de que nosotras siempre nos andamos con rodeos, 
pero cuando vas de frente y le plantas un "Me gustas y quiero intentarlo contigo" a alguien...  se hacen caquita.
O no están preparados...
O cada vez que nombran a la ex, les tiembla la voz...
O están mareando a varias a la vez y no se deciden...
Y un largo etcétera.
Y a mí no me apetece que jueguen conmigo!
Pasooooo!
Que yo soy de las que me implico mucho y después lo paso muy mal.
Para mi un ex es un ex. Y si es ex... Es por algo! Algo NO iba bien. Yo ese contenedor lo vacío rápido!!! Pero vosotros no...

Lo sé, todo lleva su trámite, y a veces me apresuro y me adelanto a los acontecimientos, pero es que cuando tengo tan claro lo que quiero... 
Cuando sé que lo quiero TODO con alguien... lo quiero ya. Sí, soy una ansias!

Soy consciente de que cada cual tiene su ritmo, y que cada uno sabe lo que lleva en su mochila, y que hay que vaciar para volver a llenar pero cada cual tiene su ritmo de vaciado.
Pero tarde o temprano, hay que empezar a soltar lastre, y si no lo has hecho nunca... es complicado, pero con práctica se consigue.


Pero sabes qué pasa? 
Que me da mucho miedo intentar algo con alguien que tiene 'lastre', con alguien que lleva una mochila llena de piedras...  
porque si habiéndolo intentado con gente que aparentemente estaban bien y lo tenían claro, aún así me ha salido mal, creo que lo otro es, si cabe, más complicado.
Y cada vez que lo intento y me sale mal... Me desgasta,  mentalmente y como persona. Y estoy cansada, cansada de esforzarme por que algo funcione, cansada de intentar hacerlo todo bien y de que lo que reciba sean chascos y decepciones.

Tal vez sea que lo estoy enfocando mal, lo sé... igual necesito aprender a gestionar estas experiencias para llegar al éxito.
Y para ganar experiencia lo único que hace falta es perder el miedo a los costes que supone adquirirla,
tal vez sólo se trate de pensar menos y disfrutar más...

Y si me encuentro con alguien con o sin mochila de piedras, con sus historias, con su ritmo... 
pues igual es el momento aprender que cada uno tiene su ritmo, y que no puedes forzar nada porque tú quieras ir muy rápido (por más claro que lo tengas), que cuando uno está en grupo escalando... se adapta al ritmo del que va más lento, así sin más, sin quejas ni presiones...
Que la prisa nunca ha sido una buena compañera y que la edad no debe marcar mi ritmo.

La vida nos da muchas lecciones, nos muestra muchos mensajes y hay que saber distinguir los mensajes útiles de los mágicos.





miércoles, 13 de abril de 2016

13 de abril, día mundial del beso

Hoy es el día mundial del beso...
La fecha surgió por el beso más largo de la historia: 58 horas, 35 minutos y 58 segundos.
Así que vamos a hablar de besos... 

Me gusta que besen con el atrevimiento de no saber si es lo correcto.
Me gustan, me vuelven loca, los besos en la frente.
Pero aún me gustan más los que se dan con los ojos, sin rozar los labios.
Los besos robados, tímidos y pícaros.
Me encanta callar a besos. Y que me callen.
Los besos de buenas noches... O noches de buenos besos...
Los besos que te hacen olvidar todo.
Los que mandamos por whatsapp que nunca damos.
Los besitos de las mamás en las heridas de los niños... Mamá, aquí, tengo pupa...
El beso más difícil, el que sabes que será el último.
Comerte a besos.
Los que rozan los labios.
Los apasionados que mueven los 34 músculos de tu cara.
Los que te muerden el labio. Los besos en el cuello.
Un beso francés.
Los besos por vicio.
Los escondidos en una sala de cine, a oscuras.
Los que sirven como explicaciones. Los inesperados.
Los exploradores, recorriendo cuerpos. Los que das a una vieja foto.
Los que paran el tiempo.
Los salvajes.
Los dulces e inocentes.
Los de los esquimales, frotándose la nariz y sonriendo.
El de después de hacer el amor.
También los de la mejilla. Bajo el muérdago.
Los que se dan a los sapos, buscando el príncipe azul.
Los que se dan bajo la lluvia, empapados. Los que mandamos al cielo.
Los que preceden a un "sí, quiero".
Los que se dan en el alma, sin saberlo. Los que doy de puntillas.
Los que despiertan a princesas.
Los lentos.
Beso, verdad o atrevimiento!
Los que se dan en estaciones, en aeropuertos.
Los que damos después de las campanadas de fin de año.
Los tuyos...

Hoy sólo tienes dos opciones... O te beso, o me besas.

Alicia a través del espejo

martes, 5 de abril de 2016

QUIERO TENER UNA CITA CONTIGO
Sí. Has leído bien: quiero tener una cita contigo.
No quiero "quedar y tomar algo", porque no quiero que seas mi amigo, ni que nos veamos como se ven dos colegas que quedan de vez en cuando.
No quiero la burda normalidad, ni la incertidumbre cuántica de saber qué somos, tan común en estos días que corren.
No quiero forzar las cosas, pero quiero hacerlas bien...
Supongo que soy de esas absurdas anticuadas que prefiere pedirte una cita y que tengas claro que le gustas.
Me considero esa clase de persona que no quiere tiras y aflojas, porque prefiere decirte que el motivo de encontrarnos es conocerte para tratar de llegar más lejos... Llegar a verte dormir a su lado, traerte el desayuno a la cama y amanecer entre susurros y quereres...Todo ese rollo de formar un equipo y enfrentarnos juntos a la rutina que tanto me gusta.
Si decides aceptar, quiero que sepas que dejaré que las cosas fluyan porque, ante todo, lo que quiero es conocerte. Pero qué coño hago yo si me atraes y quiero saber si es mutuo...
Si me rechazas, tal vez algún día coincidamos y siga poniéndome mi máscara de conocida y te sonría con la naturalidad del que se encuentra a un extraño después de mucho tiempo. Seguramente llegará el día en que eso sea lo normal... Pero ese día no es hoy.
Hoy quiero tener una cita contigo. Sorprenderte y dar lo mejor de mí. Demostrarte (y demostrarme) que la Magia está en el aire y saber si estás preparado para respirarla conmigo.
(Adaptación del texto original de Pepe Pérez Zamora, en Versos de Humo y Rosas: https://www.facebook.com/1618687895085024/photos/a.1627290204224793.1073741829.1618687895085024/1735764113377401/?type=3&theater)

miércoles, 30 de marzo de 2016

Quizás, cuando tú me veas, sea yo la que ya no quiera...

Nunca he entendido qué criterio sigo a la hora de enamorarme... Creo que siempre elijo mal...

Enamorarse es un procedimiento totalmente irracional y sobre el que no tengo control, pero que siempre me encuentre con gente "problemática", me preocupa y mucho.

A mis 32 años, cada vez que pierdo la cabeza por alguien, me encuentro con los típicos:
- EL DEPRIMIDO: Acabo de salir de una relación de 1.000 años y no estoy preparado.
- EL RESENTIDO: Estoy muy jodido y no puedo olvidar a mi ex.
- EL RESABIAO: Ya he superado a mi ex, pero estoy tan cabreado con las mujeres que no quiero nada serio, sólo quiero hacer el mismo daño que he recibido en el pasado.
- EL VIVIDOR-FOLLADOR: No estoy preparado para una relación,  pero no me cierro a nada. Os traduzco esta: No quiero una relación, pero quiero follarte alguna vez, cuando esté aburrido, por pasar el rato...

Y en vista de todo lo que me encuentro por ahí, me doy cuenta que de nada sirve ser una buena persona, ni tener buenos sentimientos...  Eso sólo lo van a valorar tus amig@s, pero los tíos no!!!!

Puedes ser la mejor persona del mundo, ser mona, inteligente, simpática,...  Y ese chico que tanto te gusta pase de tu cara y pierda el culo por la chica que pasa de él,  la que tontea con varios a la vez, la que no se preocupa lo más mínimo...

En fin, de nada sirve tratar de ser una persona ejemplar, porque al final, a un chico le gustas o no le gustas, y eso nada tiene que ver con algo racional, son cosas que no se pueden explicar.

Pero si algo tengo claro es que yo soy como soy, con mis cosas buenas y con mis defectillos, y eso no va a cambiar por nada ni por nadie.

Sólo espero que, cuando tú me veas, cuando de verdad quieras... no sea yo la que ya no quiera, porque eso... me daría mucha pena.

Ariadna Giraldos Alfonsel - Mi rincón de pensar (En busca de la felicitat)


martes, 15 de marzo de 2016

LO QUE ES PARA TI, LLEGARÁ, ABRE LA VENTANA Y DEJA QUE FLUYA

¿¿¿¿Cuántas veces me ha pasado conocer a un chico, pensar que es genial como persona, que es guapo, inteligente, simpático... y un largo etcétera, pero que ahí se queda todo????

Vamos, que aunque es un "pack" genial simplemente lo vemos como un amigo y ya está.

¿¿No os ha pasado??

Porque a mí me ha pasado muchas veces y da mucha rabia.
Si con esa persona te llevas tan bien y encima físicamente te atrae, ¿por qué no siento nada más?

Pues esa pregunta (que aún no he podido resolver) me sirve para aprender que, esto mismo, nos pasa tanto a hombres como a mujeres y que es importante entender esto para evitar muchas preguntas estúpidas y autocríticas.
Quiero decir que, muchas veces conoces a alguien que a ti te parece perfecto y quieres más, pero igual la otra persona no siente eso mismo y hay que entenderlo.

El amor NO es algo que se pueda forzar, ESO es algo que pasa o no pasa, pero no puedes ni debes forzarlo. Y esto, querid@s, no significa que no 'valgamos' lo suficiente para la otra persona, es sólo que no siente ESO que ha de sentir... y ya está.

Así es que nada de preguntarse ¿qué es lo que no he hecho bien? o ¿qué problema tengo para no poder gustar a esa persona?, porque las cosas no funcionan así.

Cada persona es como es y estamos en constante evolución, eso significa que no sólo depende que cómo seamos, sino de en qué punto de nuestra vida nos encontremos. Todos los factores influyen en que estemos más o menos receptivos ante otras personas. Todos somos diferentes y a la vez especiales. Cada persona tiene su ritmo, hay personas que se enamoran a primera vista, hay otras que necesitan su tiempo, así como hay quien se desenamora de la noche a la mañana y quien necesita su tiempo de "duelo" para poder superarlo.

Así es que de nada sirve el victimismo, ni pensar que no somos lo suficientemente válidos, más bien se trata de entender que cada persona es un conjunto de circunstancias en las que no podemos influir directamente, pero que hay una persona en la que sí que podemos influir, y esa persona eres tú mism@.

Brillar es cuestión de actitud y cuando tienes tu mente abierta todo llega, sin necesidad de forzarlo.

Ariadna Giraldos Alfonsel - Mi rincón de pensar (En busca de la felicitat)


martes, 8 de marzo de 2016

Si te gusta, díselo!

No le digas nada todavía,
hazte el indiferente,
que parezca que eres fuerte,
que pasas de todo.
Acumulamos mariposas en el estómago
y risas tontas en los labios
pero a la hora de la verdad
jugamos con la indiferencia
creando estúpidas estrategias
para no mostrar nuestros sentimientos.
Pero, qué pasaría si fuéramos honestos,
nos dejáramos de tonterías
arriesgásemos el corazón y dijéramos:
"Me gustas y me gustaría seguir conociéndote" ?
¿Eso nos haría débiles?
NO.
Nos convertiría en auténticos valientes.

Feliz día de la mujer trabajadora

Por quien lo critica y hace algo para resolverlo.
Por quien alza la voz y lucha contra las diferencias.
Por quien no se queda en silencio y no se deja manipular.
Por todo el esfuerzo realizado. Por todo lo que queda por conseguir.
Por todas nosotras.
Que nada ni nadie decida por ti.
#FelizDíaDeLaMujer
#DíaDeLaMujerTrabajadora

miércoles, 16 de mayo de 2012

Quitando piedras de la mochila

De tanto buscar nuevas formas de vivir, nuevos esquemas, nuevas filosofías de vida, he acabado por descubrir una que mucho me agradó y he pasado a utilizarla como referencia de vida y si queréis utilizarla también en vuestras vidas, ¡considero que será muy bueno! ¡Lo aconsejo! ¡Funciona conmigo! ¡Puede funcionar con vosotros!

Siempre he pedido que la vida me diese algunas cosas que yo consideraba importantes para mí y ella nunca me las ha dado. Yo pedía una cosa y ella me daba otra y empecé a percibir que lo que ella me daba, era mucho mejor que lo que yo pedía. Yo acababa por gustar de lo que recibía. ¡Ella me agradaba!

Dejé de pedir basándome en las necesidades de mi ego y adopté una postura totalmente receptiva y ella continuó dándome cada día cosas buenas, siempre sorprendiéndome y agradándome con sus regalos maravillosos.

¡Pasé a tener la sensación, la percepción de que ella me protegía, de que me daba justamente aquello que realmente yo necesitaba y habría de serme útil!

He percibido sin querer el juego de la vida, que funciona de la siguiente forma:
Empecé a quitar de mi vida cosas que me hacían daño, que me ponían triste, que me atormentaban, me hacían infeliz. Empecé a quitar hábitos negativos, lugares e incluso personas que yo ya no quería en mi convivencia y notaba que a cada movimiento que yo hacía, la vida venía y me daba algo nuevo, mejor, haciéndome ser feliz. Ella me daba premios. Pasé a utilizar un método infalible de conducir mi vida!

Haré una Analogía para explicar cómo funciona el progreso y servirá también como ejemplo:

Imaginemos tener que hacer una larga caminata de 50 kilómetros con una mochila llena de piedras… 30 kg de ellas. Al comienzo incluso sería bueno para fortalecer la musculatura de las piernas, pero pasados unos 5 kilómetros ya estaríamos exhaustos y empezaríamos a sentir sed.
Pensaríamos entonces en aliviar unos 5 kg de piedras y sustituirlos por una garrafa de agua. Muy bien, ahora tenemos espacio para cargar agua que mate nuestra sed. Pasados otros 10 kilómetros empezaríamos a tener hambre y podríamos entonces quitar otros 5 kg de piedras sustituirlos por algunas frutas (una manzana, una pera, tres plátanos, dos naranjas). Al llegar a la marca de los 20 kilómetros ya tenemos espacio en la mochila para agua y frutas, pero está llegando la noche y va haciendo frío y podremos quitar otros 5 kg de piedras y colocar en su lugar una manta y una chaqueta de lana. Ahora hemos llegado a la marca de los 30 kilómetros pero los 15 kg de piedras que todavía quedan, constituyen mucho peso y nos estamos quedando exhaustos y podríamos en este momento arrojar fuera otros 5 kg de piedras y con ello aumentar nuestra provisión de agua, alimentos y ropas, pues todavía faltan por andar unos 20 kilómetros. A estas alturas ya hemos caminado unos 30 kilómetros y tenemos una mochila con 30 kg de herramientas necesarias para nuestra andadura, pero todavía nos quedan 10 kg de piedras. Muy bien, estamos logrando ir adelante, pero empezamos a avistar a otras personas que también están haciendo el mismo recorrido y ellas van con sus mochilas todavía llenas de piedras y no consiguen librarse de ellas… están exhaustas… tienen sed… hambre… frío… tendremos que ayudarlas… ¿Qué hacer? Vamos a tirar los 10 kg de piedras que van en nuestra mochila y con ello podremos cargar más agua, alimentos, ropas y ayudar a otras personas que por alguna razón no consiguen librarse del fardo con que van cargadas en sus mochilas, pues tal vez ellas todavía no estén preparadas para librarse de ese peso, o no sepan cómo hacerlo. Y así continuaremos haciendo nuestra caminata, felices y en paz, al poder ayudar a otras personas.

¡A nosotros corresponde echar fuera las piedras que pesan en nuestra mochila y la vida se encargará de proveernos lo que necesitamos para vivir!

¡Así es la vida! ¡Ella siempre nos dará lo mejor! ¡Ella nunca dejará que nos falte nada!